Todos vamos en el mismo tren

Ayer fuí a una charla coloquio en la que Gustavo, un activista mexicano de Chiapas el cual nos estuvo contando cómo les roban los recursos naturales de su país,México. Desde el mismo gobierno se permiten los abusos que hacen cambiando las leyes para que otros países exploten los recursos, expropiando a comunidades enteras del territorio, de los recursos y abandonando a miles o millones de personas a vagar en busca de alguna oportunidad y repudiados por los mismos gobiernos que han destrozado su hábitat, su hogar, contaminado aguas y tierra, de genocidios masivos como alternativa y de activistas significativos. Contaminación, aniquilación de grandes extensiones naturales  y demás barbaridades que están realizando en américa latina desde las grandes multinacionales para conseguir llevarse los minerales, utilizar los espacios para obtener energía, aparte de invadir el mercado con precios imposibles a los que competir en los productos de uso común, con la terrorífica consecuencia social.

Nos narraba una a una las realidades que acontencen no sólo en su país, sino en prácticamente toda américa latina. Donde no solo la gente que se queda sin hogar y sin opciones, ya sea por estos motivos o por guerras, refugiados que el mundo occidental pretende ignorar y despreciar, aparte de eludir la responsabilidad de ser los responsables de su alarmante situación. Sino también subrayándonos la necesidad de encontrar una solución global para la depredación del capitalismo que nos está dejando poco a poco sin planeta y las consecuencias catastróficas de este nivel de consumo y del carácter finito de los recursos.

Nos hizo una analogía, en la que nos hablaba de un tren, un tren que marchaba a 300km hora hacia el abismo y en el que íbamos toda la humanidad, en unos vagones iban los ricos, en otros la clase media y en otros, los pobres, y encima de los vagones agarrándose como pueden los refugiados, los migrantes sin lugar al que ir ni al que regresar.

Hablaba de cómo intentar encontrar una solución entre todos, pero que la mayoría no estaba concienzado con el problema o siquiera sabían que existía el tren y mientras apremia el tiempo, se proponían soluciones que o bien jamás se podrían llevar a término o estaban mal vistas o eran mortales y peligrosas. Hablaba que aunque los migrantes que se agarraban al tren avisaban del problema, o bien nadie les hacía caso o mientras decidían entre unos y otros qué hacer el tiempo seguía pasando y las soluciones que se proponían se veían difíciles o inútiles ( muchas causas modernas para sentirse mejor con uno mismo pero que no alteran el resultado).

Hoy me desperté imaginándome ese tren, en mi tren el vagón de los 4 ricos era enorme y contenía la cabina que controlaba el destino del tren. Y con una gran hoguera para hacerlo correr más rápido alimentada con los recursos de los demás vagones. Además de los vagones de clase media y clase obrera,los vagones estaban separados por militares que salvaguardaban el confort del vagón anterior y no dejaba transitar de los vagones inferiores a los vagones de clase más alta.

La clase media, cómodos en sus vagones, cada uno asegurando su espacio e intentando acaparar más achuchaba al vagón obrero para intentar parecerse a los cuatro ricos. Los pobres, muchos más que toda la gente de los vagones, pero que cabrían perfectamente en el super vagón de los 4 ricos,  estaban por fuera de los vagones, agarrándose como podían al techo, mientras los militares les inteban quitar diciendo que ahí no podían estar. En la clase obrera el vagón a reventar, cada vez más achuchados por los militares empujando, haciendo que la gente acabe cayendo fuera y con suerte cogerse fuera del tren, para darles más combustible y espacio a los 4 ricos.

Y por supuesto, en tal barbarie, yendo todos a la catástrofe, suficiente poblema es conseguir sobrevivir y no caer del tren, como para poder frenar el tren.

 

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